domingo, 24 de octubre de 2010

Emoción por las calles de Pamplona

¡Hola muchachos!

La verdad es que no sabía con qué título empezar, pero al final creo que el
que he puesto resume mis sensaciones de lo vivido ayer y saboreado hasta
hoy.

El resultado fue una exaltación de alegría y un subidón de adrenalina. Un
esfuerzo titánico y algún que otro revolcón. Pero valió la pena y los mozos
llevaron a los miuras a su destino.

Hacía mucho, pero que mucho tiempo que una victoria no me llenaba como lo
hizo la de ayer. Recuerdo una derrota que me dejó un sabor muy parecido:
Ocurrió hace ¡¡¡19 años!!!, cuando con 16 años, en 2º de BUP, el equipo en
el que jugaba, el Sto. Domingo de Silos de Zaragoza, ese año en nivel A (en
Zaragoza por cada categoría hay hasta nivel C, con 16 equipos en nivel A,
cerca de 40 de nivel B y entre 20 y 40 de nivel C. El año que un equipo
queda entre los 2 primeros del nivel B suben al A y eso habíamos hecho en
juveniles con un equipo en su mayoría de primer año...) realizó un partidazo
y rozó la proeza.
Jugábamos en casa contra El Salvador. En el partido de ida nos habían metido
un 100-36 o algo así. Ese año ese equipo había ganado al CAI Zaragoza,
cuando hacía más de 6 años que no perdía en Aragón en categoría juvenil. En
la segunda vuelta jugábamos en casa. Recuerdo las gradas llenas, si bien no
cabrían muchas más de 200 personas. Nuestro pabellón era un frontón
"reciclado".
Nunca olvidaré el triple que lancé desde la izquierda, a medio camino de la
línea de fondo y la frontal. Los dos ataques anteriores me había mentalizado
en lanzarlo, pero el balón no me había llegado. Faltaban poco más de 5
minutos para acabar el partido y lo clavé. Recuerdo el estallido del
público. Colocarnos 1 punto por delante y temblar en el tiempo muerto que se
pidió al momento. Instantes antes ya había robado hasta 3 balones saliendo
desde la izquierda en una 1-3-1. Tres contraataques acabados en canasta.
Recuerdo los 14 puntos que metí ese día, pese a destacar en defensa.
Al final caímos por cerca de 10 puntos. Estábamos fundidos y ellos parecían
toros. Ese partido lo tengo clavado en mi memoria, ese triple, esa tensión.
El partido de ayer, en otra dimensión, ha entrado también en mi fichero de
los recuerdos.

Cuando llegué entró un miura. Mi esperanza radicaba en que fuera a jugar el
otro partido. Cuando vi que saludaba al resto de compañeros y que en total
eran muchos los miuras pensé en lo largo que era el recorrido entre los
toriles hasta la plaza de toros.
Los malos presagios aparecieron pronto y dos cornadas y tres revolcones
después y ya íbamos 6 abajo: Un 1-7 poco esperanzador. Pero los mozos que
corren en San Fermín no estaban dispuestos a dejarse pillar tan pronto y una
gran reacción nos llevó al 11-11 final en ese primer cuarto.
Los morlacos volvieron a arrear en el segundo cuarto y se volvieron a
escapar con un 12-18, pero llegaron los pastores y con las varas enderezaron
el rumbo. No recuerdo el tanteo final en ese segundo cuarto, pero si no era
empate la diferencia era mínima.
La carrera entró en la plaza, los toros no desanimaban y seguían empujando,
pero allí nos hicimos con capas y capotes y los bravos animales empezaron a
balancear de un lado a otro hasta que la final fueron introducidos a los
corrales de la plaza.

Fue duro, pero merecido. Valió la pena y al final lo disfrutamos.

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